¡Orgullosos, de nuestros jugadores!

Nunca una derrota (a falta de 5 minutos) había sentado tan bien, la ciudad entera de siente orgullosa del equipo tras el partidazo disputado en el Bernabéu.

Un trallazo de Alcaraz al larguero y una jugada celestial de Toni Villa que se marchó al mismo lugar pudieron poner por delante a un Pucela muy superior al Real Madrid en la segunda parte. Aunque ya en la primera, Antoñito en un mano a mano pudo poner el 0-1. Sólo la mala fortuns hizo que el Valladolid no sólo no puntuara sino que no se llevara la victoria.

El recurso a la “mala suerte” es muy viejo en el deporte. Se utiliza más de lo debido. Se desgasta. Pierde su significado para definir un factor que interviene en el juego. Suene simple o no. Por ejemplo, sin ir más lejos, quizá el Espanyol podría haber recurrido a la “mala suerte” para justificar que empates después de encajar un gol de falta en el descuento. Pero lo cierto es que la “mala suerte” fue un golazo de Verde y después de ser consciente de que el rival te ha tenido contra las cuerdas durante los 45 minutos anteriores.

No es el caso de lo que sucedió este sábado en el Bernabéu. El debate a la salida del Santiago Bernabéu es si el Real Valladolid había perdido un punto por un gol en propia puerta de un mal disparo (de Vinicius) que se convierte en diabólico tras estrellarse el balón en el sobaco de un contrario (Kiko Olivas) y salir escupido pegado al palo o si había perdido tres porque hasta el momento de encajar ese primer gol en el minuto 83, debía ir ganando.

El debate es procedente porque el Real Valladolid dispuso de las mejores ocasiones de gol. Antoñito tuvo un “mano a mano” con Courtois que no pudo culminar con un vaselina con la pierna zurda que se fue muy desviado, Unal un cabezazo franco que se fue fuera y, en la segunda parte, primero Rubén Alcaraz y después Toni, con sendos disparos fuera del área, estrellaron sendos obuses en el larguero con el portero del Real Madrid completamente batido.

Y detrás de las ocasiones hubo un juego sólido, trabador, solidario y ambicioso del Real Valladolid. Jugó en el Bernabéu en la misma línea de partidos anteriores. Sin el más mínimo complejo ni reparo.

El Real Madrid, en la balanza de este debate, puso más dominio territorial, más posesión de balón, y alguna ocasión como un disparo cruzado de Benzema que se fue fuera por muy poco u otro trallazo de Casemiro al que respondió Masip. Tuvo más posesión, pero menos oportunidad de gol. Menos cantidad y de menos claridad. Porque el Real Madrid no estuvo fluido y no pudo con el Real Valladolid.

Pero de ninguna manera el Real Valladolid debió irse para casa de vacío y menos de la manera en la que encontró la derrota. No se atisbaba de ninguna manera, pero el Pucela se podía temer un golazo de Modric desde fuera del área, un cabezazo imponente de Sergio Ramos en un córner botado por Kross, una diablura de Benzema en el área pequeña o un conejo sacado de la chistera porque en el campeón de Europa hay mucho jugador de frac. Pero nunca perder de la forma tan cruel que lo hizo.

Con el zurrón vacío y con la cabeza alta después de jugar de tú a tú al Real Madrid en el Bernabéu. Así se fue el Real Valladolid de Chamartín. En otra ocasión, encontrará la suerte que hoy se rió de él.

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