Con el semáforo en Verde

Daniele Verde sigue en estado de gracia y mete pie y medio del Pucela en los octavos de final de la Copa. Dos zapatazos antológicos (en el minuto 8 y 36) desde lejos coronan al extremo como jugador de referencia. Una primera parte en la que pudieron llegar más goles blanquivioletas.

Mediada la segunda mitad, el Mallorca recortó distancias con un tanto de Buenacasa en un buen balón colgado al segundo palo y que cabeceó el jugador bermellón de forma inapelable, pero el Real Valladolid sofocó de forma inmediata y radical el intento de rebelión local. Retomó el mando de un partido que había controlado de cabo a rabo y estuvo  a punto de ampliar el marcador para encarrilar definitivamente el resultado de una eliminatoria que se decidirá en Zorrilla en diciembre.

El partido de Mallorca no pasará a la historia por la brillantez de su juego, pero para el aficionado blanquivioleta no quedará en el olvido jamás. Los dos goles de Verde ya están en el olimpo blanquivioleta. Fueron dos golazos increíbles. Como el de falta el pasado ante el Espanyol, pero con el balón en juego. Dos golpeos espectaculares; sencillamente increíbles. De crack grande.

Porque la falta que Verde ejecutó ante el Espanyol podría dejar la duda de la “casualidad” de aquel que marca el gol de su vida. Pero este miércoles en Son Moix, repitió el gol. ¡Dos veces!

Para ver los goles y una y otra vez. Para apreciar como en el primero, después de irse del defensa, Verde golpea el balón de tal forma que describe una trayectoria como en el tanto ante el Espanyol: rápido, primero asciende y va al centro de la portería y de repente gira a la derecha del portero, ya vencido hacia el otro lado, y baja como un misil inteligente.

Y en el segundo, Daniele Verde clava el balón en la escuadra con un disparo seco, con gran violencia y precisión, sin desplazamiento lateral y sólo con esa “folha seca”. Verde es un italiano con pies de brasileño.

Verde no sabe marcar goles. Marca goles de bandera. De pañuelos blancos y estadios en pie.

Por lo demás, el partido no tuvo gran historia porque el Pucela cerró la puerta a las sorpresas. Se plantó en el campo con su sello habitual. Con jugadores menos frescos y sin ritmo, pero con un estilo inconfundible, camaleónico, capaz de batirse el cobre con su oponente en todos los terrenos. El Real Valladolid sabe a lo que juega con quien juegue y con quien tenga enfrente.

En la segunda mitad, con 0-2 y una tromba de agua y un viento endiablado sobre Son Moix, los minutos fueros pasando parsimoniosamente y el Real Valladolid dejó a hacer a un Mallorca que se reactivó hasta marcar el gol. Pero hasta ahí. El Pucela volvió a ponerse los mandos y acabó sometiendo con claridad a su rival, como el boxeador que gana el último asalto para no dejar ninguna duda sobre quién ha sido mejor a los puntos.

Ahora, carpetazo a la Copa y vuelta a LaLiga. El sábado, el Santiago Bernabéu espera al Real Valladolid.

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